Hablar de la autenticidad no es cualquier cosa… Autenticidad, ¿qué es la autenticidad? No diría que el encuentro con nosotros mismos pues no hay encuentro donde no hay algo que buscar. No se puede buscar algo que ya está en ti.
Diría que autenticidad se define más bien en una única palabra: SER. Ser tú mismo y permitir que los demás te vean de esa forma, sin máscaras, sin disfraces, sin escudos, sin barreras. Dejando atrás los miedos. Viviendo en la vibración  del amor y la libertad del alma.
No hay algo más bonito que un ser humano auténtico. Alguien a quien no le importa el qué dirán y goza de su esencia, con todo y sus defectos y sus virtudes.  Alguien que se ama y se acepta así mismo. Alguien que se ve en el reflejo de un lago y no se ve ni más grande ni más pequeño. Se ve y se sonríe.
¿Cuántas veces no nos engañamos a nosotros mismos y pretendemos ser alguien más por el miedo a ser juzgados? Nos llenamos de caretas (marcas, lujos, poses, falsas sonrisas, compañías de adorno) que nos van convirtiendo en armaduras. Y por más hermosas y labradas que puedan verse esas armaduras, aunque sean de oro, aunque sean de plata, aunque tenga miles de garigoles labrados por los mejores herreros del mundo, nunca serán tan hermosas como el color de tu alma.

Les comparto estos pensamientos que escribí al respecto:
- “Cuando te quitaste la máscara de plata, dejaste ver el rostro color dorado.”
- “Aunque se vista con piel de zorro, nunca una oveja será tan bonita como con su abrigo de lana.”