Les platicaré de lo que se trató hoy la clase de kabbalah, como suelo hacer regularmente.

En la clase pasada, hablábamos que para poder transformarnos primero tenemos que reconocer “nuestra basura“. Y que no es lo mismo cambiar que transformarse. Cambiar no implica una evolución espiritual de fondo, y podemos cambiar muchas cosas, pero no necesariamente vamos a crecer por eso, aunque nosotros “creamos” que sí.

Lo que “creemos” no necesariamente ES, pues se trata de simplemente una percepción. ¿Cuántas veces no nos cae mal alguien de primera instancia y evitamos tratarlo? Nosotros creemos que ese CAMBIO es para bien pues no nos cae esa persona o no nos vibra; según kabbalah, de las personas que más trabajo nos cuesta estar cerca, es de las que más podemos aprender algo u obtener una recompensa. Hacer el esfuerzo por acercarse a esa persona, sí implica una transformación, te cuesta, es una especie de forzarte a salir de tu zona cómoda.

TRANSFORMARSE es ver lo que tiene esa persona que hace que ALGO NEGATIVO EN MÍ aflore. Si una persona hace que siempre acabe enojada, si me irrita, me explota, me molesta, más bien tengo que ver QUÉ ES LO QUE ESTÁ MAL EN MÍ para no poder tolerarlo. El problema está en MÍ, no en el otro.

Ese es sólo un ejemplo pero teniendo claro la diferencia entre CAMBIO y TRANSFORMACIÓN, vamos al punto de porqué no brillamos muchas veces como tenemos que brillar, que está estrechamente relacionado con lo anterior.

Digamos que somos un foco prendido con mucha luz, pero ¿qué pasa si a ese foco le vamos poniendo encima una sábana, y otra, y otra, y otra…? la luz va bajando de intensidad cada vez más y cada vez es más obscuro todo. Sin embargo, aunque tapemos la luz con mil cobijas, la luz NO DESAPARECE, sigue estando ahí, sólo que tapada.

Igual pasa con nosotros, TODOS somos seres de luz, TODOS tenemos LUZ INTERNA; sin embargo, la vamos tapando con una especie de cáscaras que vamos adquiriendo de nuestros miedos, inseguridades, enojos, etc…. hasta quedar muchas veces casi apagados. Y pase lo que pase, errores del pasado, frustraciones, tristezas, depresiones… sintamos lo que sintamos, la luz sigue ahí, solo que está cubierta.

La buena noticia es que esas cáscaras se pueden quitar, pero para eso primero tenemos que reconocer cuáles son esas cáscaras. ¿Mi timidez, por ejemplo? Cuando identificamos cada una de esas cáscaras, las podemos trabajar, ¿cómo? combatiéndolas haciendo TODO LO CONTRARIO a lo que son.

Si yo digo “soy una persona introvertida, tímida, me gusta estar en casa, no me gusta convivir”, MENTIRA, no eres tú quién habla. ES LA CÁSCARA que ya se creyó lo que ha venido haciendo por tanto tiempo. EL ALMA no es tímida, el alma no tiene miedos ni inseguridad, todas son carcazas que vamos construyendo alrededor de nosotros por “equis motivos”… para protegernos, para no exponernos, para que no hablen de nosotros…

Las CÁSCARAS pueden llegar a ser tan fuertes y llevar tanto tiempo arragaidas que pueden transtornar hasta la percepción que tenemos de nosotros.

Ponía Ariel, el maestro, el ejemplo del sexo egoísta. Millones de personas en el mundo andan por la vida teniendo sexo nada más por placer, con una(o), otra(o)… Y aunque su alma en el fondo sabe que lo quieren es amor verdadero, una conexión real con alguien y una relación estable; la CÁSCARA le hace creer a esa persona que está bien el sexo por placer y que eso es lo que quiere y que lo llena, y se convence de eso.

Y entonces se vuelve una especie de adicción, como las drogas, el alcohol, lo sigues necesitando para ir tapando el vacío que vas creando por actuar con los desesos egoístas del cuerpo, a corto plazo, y no los del alma, que son a largo plazo. Aunque sabes que está mal, la CÁSCARA hará lo posible por justificar y hacerte creer que está bien y que así eres tú (cuando tú eres luz).

Entre más fomentas la cáscara más se apodera de ti y entre más la combates, llegará el momento que acabe por desistir a su resistencia y romperse y dejar que vaya saliendo tu verdadero YO.

Cuando procuras tu alma, respetas tu cuerpo también. No buscas el placer momentáneo, buscas el deseo del alma, el deseo duradero y que implica una verdadera transformación.

Así que la tarea es identificar las cáscaras, que además debo decir, son cosas que REALMENTE NOS CUESTAN. QUE NOS DAN DOLOR, porque no hay transformación sin dolor. Y ese dolor que estamos sintiendo por vencer la cáscara y que nos cuesta tanto ofrecerlo justamente a romperla y deshacernos de ella. Y así con cada una, pero vamos a ir paso a paso. Al final, entre más cáscaras hayamos roto, más cerca estaremos de nuestra propia luz.

Un placer esta plática, queridos amigos.

2 Comments

  1. Que bueno que nos compartes tus clases de Kabbalah, todos los que no hemos tenido la oportunidad de ir con Ariel podemos a través de ti aprender conforme avanzan tus clases

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