¿Cómo están?? Regresaron por fin las clases de kabbalah después de un largo break; pero para la felicidad de todos ya inicia el curso cuatro y nuevamente les estaré compartiendo esta sabiduría a través de lo impartido por Ariel Grunwald.

El tema de la clase trató sobre la importancia del entorno que nos rodea, pues eso es finalmente lo que somos, lo que nos define: la gente con la que nos llevamos, los lugares que frecuentamos, nuestra rutina diaria…

Es algo que todos sabemos pero que muchas veces no hacemos caso y se vuelve una incongruencia. Tiene que ver con lo que queremos en nuestra vida, en lo que es nuestro objetivo y a dónde vamos.

Lo que hay que saber es que el entorno que deseamos se puede construir pero lleva bastante trabajo y mucha decisión. No sólo son las situaciones que nos rodean sino también las personas, lo que escuchamos, lo que vemos, lo que leemos.

Si queremos un entorno positivo ¿entonces qué hay que hacer? Alejarnos de las personas negativas, que nos drenan todo el tiempo y nos llevan a situaciones que no nos gustan. No se trata de pelearse con nadie, sino simplemente de rodearte de otras personas que vayan más acorde a lo que queremos. Si estamos ocupados con el good stuff, dice Ariel, no tenemos tiempo para el bad stuff. No es vivir huyendo y peleando con la negatividad sino enfocarte en el positivismo.

Si hay alguna persona a la que admiramos y respetamos, entonces trabajemos para estar cerca de esa persona y de más personas así; si ir al antro nos afecta, no vayamos al antro; si ver películas de guerra nos afecta, no las veamos; si no nos gustan los chismes, no platiquemos con gente chismosa; si queremos estar sanos, comamos bien y hagamos ejercicio y busquemos gente igual de sana. Es así de sencillo. Hay que ser congruente.

Si no vamos hacia un camino que tengamos definido, entonces caeremos en un sinfín de situaciones negativas. That’s it. La tarea fue detectar las situaciones que nos llevan a un entorno negativo y empezar a tomar acciones para cambiarlas.