Ya habíamos platicado en la clase pasada acerca de los dones que la vida nos da, pero que en realidad no nos pertenecen, sino que somos canales de ellos. Los dones que tenemos son para compartir y ayudar a los demás o de otra manera solo estaremos alimentado el ego y al final obstruyendo el canal de luz que somos porque no estamos dejando salir el bien hacia los otros.

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Así que recordando esto y la importancia de COMPARTIR, hablaremos de los 4 tipos de vasijas que podemos ser, según kabbalah. Es importante saber que podemos tener un poco de todas o estar más concentradas en una, pero al final, lo más importante es llegar al nivel de la cuarta vasija: SER UN CANAL DE LUZ y para esto debemos saber cómo ayudar a la gente que detectamos está atorada en una determinada vasija.

Aquí van:

La primera vasija es cuando adoptamos el papel de víctima. Todo lo que nos pasa es culpa de alguien o de alguna situación externa. “No es justo” “¿Por qué me pasa esto? ¿Qué hice para merecer esto?” “Nada de lo que tengo es suficiente” “No estoy contento en ningún lugar” “Todos se aprovechan de mí y de lo bueno que soy con ellos”…
A la víctima, entre más le das, más te va a exigir. Entre más le das, más te pide y menos aprecia lo que le das. Las víctimas son adictas a sentirse mal y siempre están quejándose de todo. Son los típicos que se quejan que están gordos, pero no van al gimnasio.

A este tipo de persona (o nosotros mismos cuando adoptamos este papel) es no prestarnos mucha atención. Cuando una persona está de negativa y quejumbrosa, es importante darle la vuelta a la moneda hacia positivo y recordarle lo mucho que tiene que agradecer. No se les debe seguir la corriente. TODOS tenemos razones para agradecer. A la víctima es bueno señalarle el camino, pero no caminarlo por él. Hay que ayudarle a dejar de ser víctima y marcarle líneas para que tome acción pero sin hacerlo desde el juicio. UN CANAL DE LUZ no tiene juicio hacia los demás.

La segunda vasija es el egocéntrico… Aquél que siempre está hablando de él mismo, que no sabe escuchar, que se siente el mejor en todo, el más guapo, el más inteligente, el más exitoso. Todo es Yo, Yo, Yo… Su prioridad es verse bien; no le gusta ser vulnerable y siempre tiene la razón; no necesita a nadie a final de cuentas “porque él puede resolver todo solo”.

A este tipo de personas es importante recordarles de alguna manera sin lastimarlos, la importancia de saber escuchar a la otra persona y que sepan estar para los demás y no solo cuando ellos te necesitan, o acabarán por quedarse solos. Además se hacen mucho daño a ellos mismos; necesitan practicar la humildad y la sencillez y no querer ser siempre el foco de atención. Tampoco hay que juzgarlo, sino tratar de guiarlos con amor.

La tercer vasija es el Abierto. Esta es la persona que está en una búsqueda constante espiritual, que medita, va a terapia, que va a clases esotéricas, que realiza diversas prácticas místicas, que seguramente lee muchos libros de autosuperación y que incluso, estudia kabbalah y/o astrología… Es la persona que está en el pleno aprendizaje.

Esta persona SABE que NECESITA CAMBIAR y está buscando por todos los medios cómo lograrlo; pero lo que no sabe es que la respuesta no la va a encontrar en ninguna terapia ni en ningún libro, simplemente en COMPARTIR. Esta persona por lo menos ya se acerca más a ser un canal de luz, por lo menos está intentando encontrar el camino y cómo crecer y ser lo mejor posible.

La cuarta vasija se trata finalmente del CANAL DE LUZ, lo que todos debemos aspirar a ser y tratar cada día de ser. Volvemos al punto de partida, entender que para aprender hay que conectarnos con nuestra propia LUZ. Aquí ya entedimos finalmente que solo somos un canal de COMPARTIR. Si recibo una apreciación, un elogio, no es mío, hay que darlo de regreso. Si alguien hace algo por nosotros, no es estar agradecidos en el momento, sino para siempre.

Tenemos que ser un canal de luz, un faro de luz para poder dar esa luz a los demás. Y para eso la palabra es COMPARTIR a través de todos los medios que podamos y dones que tengamos.

Muchas gracias al maestro Ariel Grunwald por este aprendizaje. Y tú, ¿ya pensaste en qué vasija te encuentras?? Saludos!!

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