“El peor enemigo de un mexicano es un mexicano”; no estoy diciendo nada nuevo ni nada que no sepamos. El problema es que todo mundo ve la frase como algo ajeno a sí mismo en lugar de reconocer su parte de culpa.

El mexicano es el enjuiciador número uno de los demás, aquél que habla del otro de forma despiadada y sin compasión alguna. El mexicano es aquél que acusa, que bloquea a los demás, que secretamente desea el fracaso ajeno. El mexicano no es aquél que da una opinión sobre alguien, es aquél que destroza a ese alguien.

El más reciente caso que podemos mencionar es el de Eiza González… Si no nos gustó su elección del vestido para los Oscares, ¿no basta con decir que nos hubiera gustado verla con algo más glamuroso? ¿O simplemente decir que no nos gustó (lo cual es muy válido)? Pero no, el mexicano tiene que insultar y catalogar con todo horrendo adjetivo que se pueda ocurrir. Es increíble la crueldad que puede llegar a tener la gente y la saña con la que puede atacar a alguien sin importar si lastiman o no. Tristemente de eso está lleno la mayoría del mexicano. Me duele decir que México es un país muy poco evolucionado en consciencia y en espíritu, pero es la verdad.

Me duele cómo la cultura de ayudar de mexicano a mexicano es tan pobre y tan poco equiparable a la de otros países. Solamente en una tragedia muy grande y ayudando a gente completamente desamparada es que el mexicano saca la casta para después llenarse la boca “promoviendo la ayuda entre compatriotas” y decir “qué grande es México”. Así es que vive México una gran dualidad; sí, ayuda con el corazón en las causas grandes pero a la vez es implacable para hacer pedazos a alguien que le va bien.

La verdadera cultura de ayudar no se da en situaciones extremas, el ayudar a los demás es cada quien desde su trinchera poner día a día un grano de arena para que las personas a nuestro alrededor salgan adelante, les vaya mejor, tengan más éxito, tengan más prosperidad… Pero el mexicano funciona de forma inversa “te va bien, te freno, no te doy, te quito…”, “no te quiero ver prosperar”, “te jalo los pies”, “aprovecho cualquier punto débil que tengas para atacarte”, “veo que te caes y me regocijo”..

Ojalá todos pudiéramos reconocer esa parte interna que tenemos por algún lado para hacerla consciente y poder luchar contra ella y cambiarnos a nosotros mismos. Y sobre todo, trabajar el amor hacia nosotros mismos, pues cuando hay amor dentro de ti, no es posible ni lógico que salga de ti odio.

La consciencia justamente radica en darse cuenta de algo y tener la fortaleza y determinación de poder transformarlo. No es justificación aceptar la humanidad con la que nacemos, la verdadera sabiduría es lograr convertirnos en algo mejor por decisión propia y no dejar que nos traicione cualquier parte obscura que podamos tener.

Recordemos, “No es lo que entra por la boca lo que contamina al hombre, sino de lo que ella sale, porque de lo que ella sale, del corazón procede”.

3 Comments

  1. Lo peor es que la niñez y juventud ya estan encaminadas a seguir con esta cultura de agravio contra todo, lo cual me hace pensar que el futuro no sera mejor. Saludos y me encantaria estar muy equivocado en mi comentario.

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