Ojalá que de la misma forma que nos emocionamos, alegramos y disfrutamos de la victoria de nuestros jugadores o equipos favoritos en los deportes como si fuera nuestra, lo hiciéramos con los logros y éxitos de la gente a nuestro alrededor.

Esa sensación es uno de los puntos máximos en la espiritualidad que podemos alcanzar los seres humanos, la cual no es nada fácil. Cuando sentimos el dolor de alguien como nuestro o cuando nos alegramos y disfrutamos sus logros como propios en lugar de envidiarlos, habla de una gran evolución.

Ambas posturas son buenas por donde se miren: Cuando haces el problema de alguien como tuyo y haces todo por ayudarlo, estás incluso evitando tener que vivir una pena parecida en carne propia. Estás pasando la prueba a través de otra persona. Y cuando disfrutas el éxito de los otros desde el interior, ahí mismo está tu recompensa: realmente lo estás disfrutando.

El deporte es un gran ejemplo y nos muestra cómo si es posible lograrlo ¡y cuánto podemos disfrutarlo! ¿O no nos sentimos los seres más felices cuando nuestro gallo gana? Hay que sentir eso mismo por nuestros hermanos, amigos, conocidos.

Tags : reflexiones

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