Hace un par de días lloraba en medio de la noche (no importa la razón), triste, decepcionada y algo preocupada, preguntándome sobre las personas ‘reales’ y ‘no reales’ en mi vida; era plena madrugada y le pedí a Dios que me mandara alguna señal de ayuda. Pues literalmente en ese momento, a esa hora extraña, apareció por twitter un ángel encarnado en una persona para recordarme en un acto de absoluta confianza, que hay seres humanos desprendidos y llenos de calidad, dispuestos a ayudar incondicionalmente. Sí, un desconocido ofreciendo hacer algo por mí que no haría alguien cercano. Así viene la ayuda a veces, de quien menos te lo esperas. Me dejó realmente sin palabras, pues además no era cualquier cosa lo que necesitaba (un favor de esos incómodos que a veces te ves obligado a pedir en contra de tu voluntad pero que una situación te lo exige).
Me puse mucho a pensar y entendí que la oportunidad de ser más espirituales y mejores personas la tenemos todos los días, a cada momento, con las personas que nos rodean y las situaciones que se nos presentan. De nada sirve a un desierto, meditar horas todos los días, irte a vivir a la India, si vas a regresar y vas a seguir siendo la misma persona; si cuando tienes la oportunidad de ayudar a alguien que quieres, no lo haces.
Yo creo que a eso venimos en realidad al mundo, a ayudar, a crecer como personas, a desarrollarnos como seres humanos, a evolucionar en la conciencia. Y también creo que la mejor manera de lograrlo es tendiendo la mano a quien lo necesita (más si es alguien importante en tu vida). No viviendo para nosotros mismos.
Finalmente mi situación se arregló al otro día gracias a otro ángel en mi vida que adoro sin medida; pero por supuesto todo esto me dejó la gran lección de entender la importancia de ser verdaderamente ‘reales’ con nuestras amistades y las personas que queremos, de rifárnosla por ellos cuando nos necesitan en la medida de lo posible. Nadie somos la Madre Teresa ni podemos arreglar los problemas de los demás, pero creo que vale la pena intentarlo.

* Gracias Leo y gracias Christiane. Sin palabras.